Hola!
El pasado sábado Caminets de Mallorca estaba otra vez en marcha. Con una mañana casi totalmente despejada, hacíamos carretera en dirección a Tramuntana. Esta vez nos desviaríamos, por primera vez, un poquito antes en dirección Esporles, para dejar más allá la zona de Andratx que hasta ahora había sido nuestro punto de partida.
Ya en este bonito pueblo, dejamos el coche y nos pusimos a esperar al taxi que nos llevaría hasta Estellencs desde donde comenzaba nuestra ruta y ya que había que esperar y era una mañana muy fría... decidimos repetir empezando nuestro día de excursión... merendando.
Bueno pues después de comer y pasearnos en coche (qué perros jaja) al fin estábamos en Estellencs.
El sol había levantado un poco la temperatura de la mañana aunque en este lado de Tramuntana, la sombra, casi continua, siempre hace que cueste un poco más calentarse, así que sin perder más tiempo nos pusimos a caminar por la carretera en dirección Banyalbufar.
El primer tramo del camino transcurría junto a la carretera de un lado a otro por caminos entre casas y corrales, todo húmedo o directamente salpicado de charcos y barro a medio camino entre las montañas y el mar que, hoy sí, luce su mejor color.
Poco después de pasar por las grandes casas de Son Serralta llegábamos a la entrada a la finca de Planícia, punto donde nos desviamos de la ruta GR221 ya que no está muy claro que el paso por la finca de Es Rafal esté permitido y, aunque sea un rodeo bastante más largo, es mejor no arriesgarse con las propiedades privadas jeje.
Así pues, seguimos la pista asfaltada que va zigzagueando por el valle que se abre a la sombra de la Serra dels Puntals, hasta tomar un sendero que nos devolvería al terreno boscoso.
La niebla matinal se había quedado atrapada por las montañas y lo que parecía que iba a ser un día soleado, se había convertido en una húmeda y gris mañana, a pesar de ello, como apenas salíamos a cielo abierto, allí recorriendo el bosque de encina y pinar, se disfrutaba un entorno de cuento con sus hojas caídas cubriéndolo todo, cientos de setas salpicadas aquí y allá, la tierra negra y las piedras cubiertas de hierba verde y fresca nos llevaron pasito a pasito hasta la font de s'Obi. La verdad es que fue un poco... rana la fuente. Tanto que si no es por el cartelito clavado indicando el lugar, seguramente nos la hubiéramos pasado de largo. Apenas un hueco en el suelo junto a una pared de roca y un sencillo canal forman el conjunto de la fuente que con mucho esfuerzo conserva un poco de agua, aún así, estábamos contentos por haberla visitado cuando, después de pasar por un merendero custodiado por grandes olivares, volvíamos a estar en la pista principal en ascenso a las casas de Planícia que aún quedaban lejos.
Y allí seguimos bajo los rayos de luz que intentaban colarse entre las nubes y las montañas hasta que, a unos metros de las primeras construcciones paramos un instante junto a un trío de pinos de los más grandes que hayamos visto. Se trata de una especie diferente que crece imponentemente alto con un tronco grueso de rojiza corteza y que se deriva en numerosas ramas ya junto a la copa. Las finas hojas que coronan esta especie, son de un verde brillante que destaca, sobretodo desde la distancia, sobre el verde más oscuro de las encinas y pinos que los rodean. Sin duda una maravilla de árboles que merece la pena destacar.
Poco después, ya estábamos en el patio de Planícia.
Desde la línea de casas, una junto a la otra, que casi conforman una diminuta villa, teníamos las mejores vistas que disfrutaríamos en todo el día. El valle caía suave hasta tocar el mar en la costa de mestral que ahora, a causa de las nubes que se habían quedado, perezosas, sobre tramuntana, había perdido el color que tuviera hacía unas horas en la mañana.
Después de la corta visita a esta propiedad pública, continuamos nuestro camino que se uniría, al poco tiempo, con el GR221 que llega desde la finca de Es Rafal y desde ahí, seguimos en dirección Banyalbufar.
A partir de ese punto nos adentraríamos en un largo y denso encinar, en ascenso, entre casetas de carbonero y sitges que se suceden una tras otra. El lecho cubierto de hojas grises que le dan forma ondulante sobre las raíces y piedras se pinta con colores de hongos y setas y por un momento casi deseábamos "soltarle la correa" a Pepi para que saciara su incansable búsqueda de escratasanes, pero bastante teníamos con mantener el aliento hasta que llegamos a un paso en una pared de piedras desde donde, por fin, comenzaría el descenso.
Ahora sí, disfrutábamos del boscoso sendero de igual atractivo que llevábamos desde Planícia, rodeados de encinas hasta que poco a poco fuimos enlazando con caminos más anchos y llegamos junto a las casas de s'Arbossar y desde ahí, ya siguiendo sobre la pista rural nos unimos al camí des correu que une Esporles con Banyalbufar.
En nuestro caso, no íbamos a llegar a Banyalbufar, por lo que continuamos en dirección Esporles siguiendo el camino ascendente desde el cual, brevemente, pudimos alargar la vista a la costa de tramuntana y a los bancales de siembra que se aprovechan en esta zona.
Cuando creímos alcanzar el punto más alto del camí del correu, decidimos parar a comer. Al principio costó un poco encontrar el lugar ideal para sentarse... y eso que sólo estamos hablando de sentarnos, menos mal que no tenemos que acampar que sino aún estaríamos dando vueltas, pero al fin pudimos disfrutar de la comida y de las merecidas porquerías que tanto nos gustan de postre.
Seguimos en descenso, después de nuestra parada pasando por un tramo peculiar empedrado que recuerda a los antiguos caminos romanos y más tarde ya dejando atrás el bonito encinar, entradas las primeras horas de la tarde, con el sol que al fin había conseguido abrirse paso cubriendo de naranja el valle, llegamos junto a la carretera a escasos kilómetros de Esporles.
Desde ahí, siguiendo un sendero junto a la carretera y junto al curso del torrent d'Esporles, que superamos pasando por un bonito puente de piedra, llegábamos, un poquito antes de lo esperado, al pueblo de Esporles donde concluía esta cuarta etapa.
Poco después de pasar por las grandes casas de Son Serralta llegábamos a la entrada a la finca de Planícia, punto donde nos desviamos de la ruta GR221 ya que no está muy claro que el paso por la finca de Es Rafal esté permitido y, aunque sea un rodeo bastante más largo, es mejor no arriesgarse con las propiedades privadas jeje.
Así pues, seguimos la pista asfaltada que va zigzagueando por el valle que se abre a la sombra de la Serra dels Puntals, hasta tomar un sendero que nos devolvería al terreno boscoso.
La niebla matinal se había quedado atrapada por las montañas y lo que parecía que iba a ser un día soleado, se había convertido en una húmeda y gris mañana, a pesar de ello, como apenas salíamos a cielo abierto, allí recorriendo el bosque de encina y pinar, se disfrutaba un entorno de cuento con sus hojas caídas cubriéndolo todo, cientos de setas salpicadas aquí y allá, la tierra negra y las piedras cubiertas de hierba verde y fresca nos llevaron pasito a pasito hasta la font de s'Obi. La verdad es que fue un poco... rana la fuente. Tanto que si no es por el cartelito clavado indicando el lugar, seguramente nos la hubiéramos pasado de largo. Apenas un hueco en el suelo junto a una pared de roca y un sencillo canal forman el conjunto de la fuente que con mucho esfuerzo conserva un poco de agua, aún así, estábamos contentos por haberla visitado cuando, después de pasar por un merendero custodiado por grandes olivares, volvíamos a estar en la pista principal en ascenso a las casas de Planícia que aún quedaban lejos.
Y allí seguimos bajo los rayos de luz que intentaban colarse entre las nubes y las montañas hasta que, a unos metros de las primeras construcciones paramos un instante junto a un trío de pinos de los más grandes que hayamos visto. Se trata de una especie diferente que crece imponentemente alto con un tronco grueso de rojiza corteza y que se deriva en numerosas ramas ya junto a la copa. Las finas hojas que coronan esta especie, son de un verde brillante que destaca, sobretodo desde la distancia, sobre el verde más oscuro de las encinas y pinos que los rodean. Sin duda una maravilla de árboles que merece la pena destacar.
Poco después, ya estábamos en el patio de Planícia.
Desde la línea de casas, una junto a la otra, que casi conforman una diminuta villa, teníamos las mejores vistas que disfrutaríamos en todo el día. El valle caía suave hasta tocar el mar en la costa de mestral que ahora, a causa de las nubes que se habían quedado, perezosas, sobre tramuntana, había perdido el color que tuviera hacía unas horas en la mañana.
Después de la corta visita a esta propiedad pública, continuamos nuestro camino que se uniría, al poco tiempo, con el GR221 que llega desde la finca de Es Rafal y desde ahí, seguimos en dirección Banyalbufar.
A partir de ese punto nos adentraríamos en un largo y denso encinar, en ascenso, entre casetas de carbonero y sitges que se suceden una tras otra. El lecho cubierto de hojas grises que le dan forma ondulante sobre las raíces y piedras se pinta con colores de hongos y setas y por un momento casi deseábamos "soltarle la correa" a Pepi para que saciara su incansable búsqueda de escratasanes, pero bastante teníamos con mantener el aliento hasta que llegamos a un paso en una pared de piedras desde donde, por fin, comenzaría el descenso.
Ahora sí, disfrutábamos del boscoso sendero de igual atractivo que llevábamos desde Planícia, rodeados de encinas hasta que poco a poco fuimos enlazando con caminos más anchos y llegamos junto a las casas de s'Arbossar y desde ahí, ya siguiendo sobre la pista rural nos unimos al camí des correu que une Esporles con Banyalbufar.
En nuestro caso, no íbamos a llegar a Banyalbufar, por lo que continuamos en dirección Esporles siguiendo el camino ascendente desde el cual, brevemente, pudimos alargar la vista a la costa de tramuntana y a los bancales de siembra que se aprovechan en esta zona.
Cuando creímos alcanzar el punto más alto del camí del correu, decidimos parar a comer. Al principio costó un poco encontrar el lugar ideal para sentarse... y eso que sólo estamos hablando de sentarnos, menos mal que no tenemos que acampar que sino aún estaríamos dando vueltas, pero al fin pudimos disfrutar de la comida y de las merecidas porquerías que tanto nos gustan de postre.
Seguimos en descenso, después de nuestra parada pasando por un tramo peculiar empedrado que recuerda a los antiguos caminos romanos y más tarde ya dejando atrás el bonito encinar, entradas las primeras horas de la tarde, con el sol que al fin había conseguido abrirse paso cubriendo de naranja el valle, llegamos junto a la carretera a escasos kilómetros de Esporles.
Desde ahí, siguiendo un sendero junto a la carretera y junto al curso del torrent d'Esporles, que superamos pasando por un bonito puente de piedra, llegábamos, un poquito antes de lo esperado, al pueblo de Esporles donde concluía esta cuarta etapa.
Esto es todo, aquí dejo el álbum de fotos, como siempre, clicar en la imagen para acceder.
Y este fin de semana vamos a por la quinta!
Víctor
Tiempo: 5h 42min
Distancia total acumulada: 50km 410m
Distancia total acumulada: 50km 410m
Tiempo total acumulado: 20h 35min
Mapa de la ruta, clicar al enlace
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